como dos desconocidos
hace ya casi dos años que convivo junto a pedazos de metal con forma humana en los alrededores de mi cueva. muchas veces, mientras vago por la ciudad, me entretengo y las miro a los ojos descubriendo que bandalos las han pintado de colores o con estrellas en sus rostros. pero eso no me molesta. las veo obsoletas, y celebro su desdicha. cada una de estas “obras” tienen autores con nombres vulgares y chatos que no entiendo porque los han elegido para decorar la periferia de mi hogar, muy mal gusto. y sumando que tienen un color bronce usado, las vuelve un elemento poco agradable.
pero hay una sola que lo cambia todo.
con la tercer mirada, me di cuenta que ella no debia estar aca. creo que a partir de ahora la voy a llamar Cenizas; le he puesto ese nombre por la particularidad de las curvas en su barriga, donde la gente idiota (y no de la idiotez que posee starosta) deposita sus cigarros. no tiene rostro, ni expresion, y por eso me siento junto a ella a conversar. cruza las piernas, enciende un cigarrillo. se acomoda el pelo condocorosamente con delicadeza francesa. y me mira tres veces. salen tres aros de humo blanco de su panza y tose, escupiendo sobre la especie de libro en su regazo. temo que en ellos no hay nada escrito, salvo la tosca firma de su creador: E. Velilla . no tiene ojos y no lo sabe. por eso me gusta.




